La Demosciocracia: devolver el poder a la ciudadanía, dar un futuro a la paz — Español

No propongo cambiar de amos. Propongo que los ciudadanos dejen de tenerlos.

La Demosciocracia nace de una convicción: ninguna persona, ningún partido ni ninguna institución debería poder apropiarse de forma duradera de las decisiones que comprometen la vida de todos.

Necesitamos representantes, conocimientos e instituciones. Pero su razón de ser debe seguir siendo el servicio a la población. Ejercer una responsabilidad pública no debería ser una carrera que proteger ni un privilegio que transmitir: debería ser una misión temporal, sometida a control y ejercida con transparencia.

Valores que obligan a actuar

Libertad, dignidad, responsabilidad, solidaridad: estas palabras solo tienen sentido si transforman nuestra manera de decidir y de convivir.

¿Cuánto vale la libertad cuando la ciudadanía solo se siente escuchada al acercarse las elecciones? ¿Cuánto vale la responsabilidad cuando nadie responde por las consecuencias de sus decisiones? ¿Cuánto vale la solidaridad cuando las dificultades de los territorios se convierten en meros argumentos de campaña?

Quiero una organización política en la que los ciudadanos tengan un papel real entre elecciones, las decisiones se expliquen, los compromisos puedan verificarse y los errores puedan corregirse.

La confianza no se decreta. Se construye mediante prácticas que la hacen posible.

Respetar las creencias, rechazar su instrumentalización

Respeto las religiones y la libertad de conciencia de cada persona, sin estar personalmente convencido por ninguna doctrina religiosa. Mis viajes por el mundo me han llevado a preguntarme cómo algunas personas pueden utilizar creencias, textos o ideologías para legitimar su autoridad y obtener la sumisión de los demás.

Esta crítica se dirige al uso del poder, no a la conciencia de los creyentes. También concierne a las doctrinas políticas que pretenden poseer en exclusiva la verdad.

En el fondo, encuentro una gran proximidad entre los llamamientos del papa a la paz, la dignidad humana y la responsabilidad, y los valores de la Demosciocracia.

La convergencia que siento entre mi pensamiento demosciocrático y los llamamientos del papa a la paz no constituye, por tanto, una adhesión religiosa. Puedo reconocer la fuerza de unas palabras sin compartir la fe de quien las pronuncia.

Toda persona debe poder creer, dudar o no creer, sin perder su libertad ni su lugar en la sociedad.

Combatir la violencia sin silenciar a la ciudadanía

Condeno la violencia de quienes destruyen, intimidan o buscan el enfrentamiento, también cuando actúan en bloques negros. La indignación puede ser legítima; no otorga derechos ilimitados.

Pero proteger a la sociedad exige también preservar la libertad de manifestarse y de cuestionar el poder. Equiparar a los manifestantes con los vándalos sería tan injusto como justificar la destrucción en nombre de una causa.

Del mismo modo, las operaciones de desestabilización y las injerencias extranjeras deben combatirse sobre la base de hechos establecidos. Determinar las responsabilidades exige pruebas. Una sociedad no se fortalece sustituyendo la investigación por la sospecha generalizada.

Esta exigencia se aplica a todos los partidos, todas las potencias y todas las autoridades.

Representar de otra manera, decidir con método

En el centro de mi proyecto se encuentra una representación ciudadana renovada mediante sorteo, con un espíritu comparable al de la selección de jurados. También defiendo una representación de los oficios y las realidades profesionales, para que las decisiones se beneficien de la experiencia de quienes trabajan, producen, cuidan, enseñan y dan vida a nuestros territorios.

Los nombramientos deberán respetar la paridad entre mujeres y hombres. Este principio debe figurar en la Constitución de la Demosciocracia y estar garantizado por los procedimientos de designación.

Sin embargo, el sorteo no basta para garantizar una buena decisión. Para que este proyecto sea sólido, hay que formar a los ciudadanos designados, proporcionarles tiempo, recursos y acceso a valoraciones expertas contrapuestas.

La selección informatizada también debe ser transparente y verificable. Sustituir una selección política opaca por un procedimiento informático incomprensible no devolvería ningún poder a la ciudadanía.

La representación profesional también debe servir al interés general, sin convertirse en la defensa exclusiva de intereses particulares.

Los expertos deben aportar elementos para decidir; los representantes deben debatir las opciones, justificar sus decisiones y responder por ellas.

Partir de los territorios, construir una responsabilidad común

El territorio es donde las decisiones se hacen realidad: una escuela que funciona, un servicio accesible, una empresa que contrata, un río protegido, habitantes que pueden vivir dignamente.

La Demosciocracia debe partir de estas realidades. Las decisiones deben tomarse lo más cerca posible de las personas afectadas, manteniendo al mismo tiempo la solidaridad nacional y unos derechos comunes.

La proximidad no debe convertirse en un sálvese quien pueda. Debe permitir comprender mejor las necesidades y compartir mejor las responsabilidades.

Hacer de la paz una exigencia política

En los países en guerra, la población soporta las consecuencias más graves de las decisiones de sus dirigentes. Rechazo que los seres humanos sean tratados como recursos disponibles al servicio de ambiciones de poder.

Querer la paz exige proteger a la población, respaldar los esfuerzos diplomáticos y pedir cuentas a quienes comprometen el futuro colectivo.

Ninguna organización política puede prometer eliminar todos los conflictos. Pero puede intentar limitar la arbitrariedad, hacer más transparentes las decisiones y dar más peso a quienes sufrirán sus consecuencias.

Esa es la dirección en la que quiero impulsar la Demosciocracia.

Un proyecto para construir juntos

No os pido sustituir una creencia por otra. Os invito a examinar una propuesta, debatir sus mecanismos, revelar sus debilidades y contribuir a mejorarla.

Organicemos encuentros, debates y videoconferencias. Contrastemos las ideas con las dificultades concretas. Un pensamiento que quiera hacer libres a los ciudadanos debe aceptar que también se lo cuestione.

La Demosciocracia deberá demostrar su valor mediante sus reglas, sus prácticas y sus resultados.

Leed, criticad, proponed y compartid este proyecto con vuestros amigos y conocidos. Os necesito a todos para darle una forma sólida y una dimensión colectiva.

Nuestro futuro común merece nuestra participación. Construyámoslo todos juntos, día tras día, para nuestros pueblos y las generaciones venideras.

¡Viva la Demosciocracia!

Jacques Rouchaud

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